Vermillion 2

Apuró los últimos sorbos de aquel mejunje y se dirigió hacia el baño. Sabía que contaba con tiempo aún y se tomó una larga ducha. El agua fría terminó de hacer el trabajo que comenzó el café y pronto su mente funcionaba con la celeridad de un motor recién aceitado.

Apuró los últimos chorros de agua caliente que caían y se plantó frente al espejo del baño. Su cuerpo estaba cubierto por pequeñas cicatrices que brillaban al contraluz de la lámpara, heredadas tiempo atrás mientras vivía en las calles de aquella infame ciudad. Lucía barba de varios días, profundas ojeras y ojos cansados.

Caminó por aquel pequeño apartamento mientras su cuerpo emanaba una pequeña cortina de vapor. Alcanzó el armario y se vistió sin prisas. Ordenó su maletín y se encaminó a la salida del apartamento. Hoy, al igual que siempre, saldría justo a tiempo.

Al descender al rellano se encontró con la vecina del apartamento de encima. Apuró el paso y sostuvo la puerta del portal mientras ella le sonreía.

Caminó con paso firme hacia su trabajo, una pequeña oficina dedicada al desarrollo de programas contables, oficio muy solicitado por aquel entonces.

Al llegar, se detuvo en la entrada del edificio y miró hacia atrás. Vio de nuevo a su vecina y se despidió con un amago de sonrisa.

El día transcurrió lentamente en medio de conversaciones con varios clientes y prospectos. A las 6 en punto todo estaba apagado y se disponía a salir. Contaba con media hora de adelanto, por lo cual decidió dar un paseo por las calles hasta su café favorito. Solicitó el café de siempre e inició su camino a casa.

 

Al llegar al portal, la encontró de nuevo, y volvió a sostener la puerta para ella de nuevo con una sonrisa.

Llegaba justo a tiempo, como cada día.

La Noche Más Oscura

La noche siempre es más oscura

En el momento antes de amanecer,

El amor siempre es más puro

Antes de convertirse en fría hiel.

La compañía siempre se ve más brillante

Antes de que el mundo te abandone,

Al igual que el oro brilla mucho más

Antes de que te decepcione.

Las horas son más largas antes del momento

En el cual acudo a tu encuentro,

Al igual que el cielo se ve mugriento

Cada vez que en mi vida te pierdo.

Como Uroboros está hecho el mundo,

Comiendo su propia cola,

Para que en menos de un segundo

Llegue la vida con nuevas olas.

No sé si escribe mi mano 

O es tu ausencia la que araña este papel,

No sé si estas líneas sean en vano

Y esté aceptando que no vas a volver.

Espero que el dolor humano

Se comporte como la misma noche,

Que al acercarse su fin se torne exagerado,

Y en la mañana se convierta en un mero cliché.

La noche siempre es más oscura,

Justo antes de amanecer,

Pero nadie te cuenta desde la cuna,

Que por alguien no disfrutarás del día nacer.

Relatividad

Nunca pude comprender

Las ideas de los genios,

En las que hacían ver,

El mundo y el tiempo tan pequeños.
Jamás pensé en aceptar

Que el tiempo es voluble,

Pero a mi vida tuviste que entrar,

Y demostrarme que era muy posible.

Sentir que diez minutos eran meses,

Y que tres horas eran segundos,

En todas aquellas veces

En las que tú y yo nos veíamos.

Hoy le pido a los genios

Que creen algún invento,

Para no tenerte nunca lejos,

Para verte siempre, y permanecer contento.

Y es que fue con tu mirar,

Que descubrí en mí la creatividad,

Y al mismo tiempo logré contemplar

Lo bello y cierto de la relatividad.

Vermillion 1

Truenos retumbaban en medio del oscuro cielo. La lluvia aún no parecía llegar, pero la temperatura era tan baja que podía congelar una vela encendida.

Su delirante mente lo despertó, desconectándolo de sus placenteros y pacíficos sueños. Mientras se incorporaba, su conciencia llegaba poco a poco a él. Era apenas un muchacho, pero sentía que había vivido décadas.

El primer sorbo de café entró por su boca y dejó un sabor ahumado y amargo por toda su garganta. El calor de la taza que sostenía era lo único cálido en esa vieja cocina. Mientras terminaba su café, el sonido de alguien levantándose en el apartamento de arriba inundó la cocina, encendiendo el día para él.

Por fin estaba despierta.

Behind the Devil’s Back

Miles de leyendas cuentan que el mundo nació en un punto. La lógica y maravillosa ciencia también recrea el origen de todo en un instante de furia aleatoria que, con mucho ruido, inició la chispa del mundo en el que vivimos.

El bien y el mal tienen un origen, la Biblia, la Torá, el Libro de los Muertos, la Sutra… Miles de años de evolución y desarrollo, de seres humanos superándose y fracasando nos llevan a la conclusión de que el bien y el mal nacen del mismo sitio: el hombre y sus debilidades.

Son las debilidades y los miedos del ser humano lo que impulsan su cambio, cambio que lleva miles de años y que hoy nos trae hasta lo que somos. Muchos viven en la luz que les ofrece el bien, el tibio abrazo de la bondad y la dulce brisa de hacer lo correcto los acaricia día a día. Otros viven en las sombras, sumidos en sus dolores pasados, viviendo entre tinieblas contemplando con recelo la luz, incapaces de dar el paso que los ilumine.

Pero entre nosotros existen personas que han logrado trascender esa dualidad tan humana. Existen hombres que han pasado su vida entre las sombras, sufriendo sus vicisitudes mientras miraban con amor a la luz. Hombres que han tenido apenas unos segundos en la bondad y la belleza y con ello han aprendido a atesorar todo aquello que vale la vida.

Personas que son capaces de ver la luz en la oscuridad y la oscuridad que se esconde tras la luz. Gente que es capaz de dar la vida y sacrificarlo todo por mantener el hermoso equilibro que existe dentro de los seres humanos. Gente que da la vida por ver brillar un halo dentro de cada uno.

Desde este momento declaro que pasaré mis días junto a esas personas. No sé si lo merezco o lo pueda hacer de manera excelsa, pero el alma me pesa tanto que, con apenas ver un brillo de esa magia que es la bondad, mi corazón salta de emoción y quiere salvarla a toda costa.

Aprenderé a usar la máscara que la vida me solicite utilizar. Aprenderé a callar mi alma para el beneficio de todos aquellos a los que quiero y amo.

A partir de este momento viviré detrás de la espalda del Diablo.

The Miserable

El amasijo de sentimientos, emociones y pensamientos que ocupa mi cabeza en este momento deja que, a duras penas, mis manos se conecten con el cerebro y tecleen algo coherente. Llevo más de 10 minutos mirando el puntero parpadear y apenas conseguí estas líneas.

Hay mucho dolor dentro de mí, del cual soy y siempre seré responsable. Hoy no hay historia de personajes de fantasía que conviven con sus fantasías y etéreos deseos. Hoy soy tan solo yo, el escritor de carne y hueso quien pone su fría carne en la mesa de la escritura. Podría decirse que esta es mi autopsia.

La luz cegadora que se enciende sobre mi frío cadáver me lleva a recordar las pocas veces que pude disfrutar de ver el Sol sobre el mar de nubes. Volar siempre fue uno de los sueños del ser humano, y creo que una parte de mí se quedó atrapada entre el fuselaje del último avión al que subí. Recuerdos de mi pasado nublan mi razonamiento y me llevan a la música triste que escuchaba una y otra vez cuando era un adolescente, la misma que me quitaba el sueño en las noches y las ganas de reír en los días.

Si pudiese revivir mi vida desde cero, intentaría tomarme mi tiempo para hacer todo bien de nuevo, cometiendo menos errores por estar mirando el final del camino, en vez de darme cuenta de que el camino es lo importante. Y es a lo largo del camino de la vida que uno encuentra personas que, recorriendo su propio y tortuoso camino, se encargan de darle un toque de luz a nuestras vidas, ayudando a acabar con la monocromía.

Amigos, parejas, familia, todos pasan por delante de mí mientras me miran con la cara que tanto odio y que odiaré toda mi vida. Me miran con desilusión. Desilusión que tiene mi nombre y apellidos. Nunca pensé que una mirada pudiese doler tanto como duele en este momento, como me han dolido las miradas desde que mis docentes se reunían a dar su veredicto sobre mí.

“Es excelente, pero puede dar más si trabaja”.

Nunca entendí esa frase hasta que tuve que comenzar a trabajar para poder intentar ser pasable, algo más que deplorable. Y es esa falta de trabajo lo que hoy me convierte en un ser miserable, un ser que nadie querría recordar. Una enfermedad que nadie quiere sufrir.

Las enfermedades que entran al cuerpo tienen una dura batalla con el sistema inmune hasta que, por un motivo u otro, el cuerpo las expulsa o perece en el intento. Nunca fui tan grave como para asesinar a nadie con mi presencia, pero tampoco soy lo suficiente para lograr burlar un sistema inmune por segunda vez.

Y heme aquí hoy, tendido en la fría mesa de acero de mi conciencia, sabiéndome derrotado, desgraciado, inútil y, sobre todo, miserable. Miserable porque por primera vez en decenas de meses, tus ojos se fijaron en los míos y no había nada detrás de ellos reservado para mí. Nada más que un mar de oscuridad. Una fría pared negra, la cual nunca habré de olvidar.