The Miserable

El amasijo de sentimientos, emociones y pensamientos que ocupa mi cabeza en este momento deja que, a duras penas, mis manos se conecten con el cerebro y tecleen algo coherente. Llevo más de 10 minutos mirando el puntero parpadear y apenas conseguí estas líneas.

Hay mucho dolor dentro de mí, del cual soy y siempre seré responsable. Hoy no hay historia de personajes de fantasía que conviven con sus fantasías y etéreos deseos. Hoy soy tan solo yo, el escritor de carne y hueso quien pone su fría carne en la mesa de la escritura. Podría decirse que esta es mi autopsia.

La luz cegadora que se enciende sobre mi frío cadáver me lleva a recordar las pocas veces que pude disfrutar de ver el Sol sobre el mar de nubes. Volar siempre fue uno de los sueños del ser humano, y creo que una parte de mí se quedó atrapada entre el fuselaje del último avión al que subí. Recuerdos de mi pasado nublan mi razonamiento y me llevan a la música triste que escuchaba una y otra vez cuando era un adolescente, la misma que me quitaba el sueño en las noches y las ganas de reír en los días.

Si pudiese revivir mi vida desde cero, intentaría tomarme mi tiempo para hacer todo bien de nuevo, cometiendo menos errores por estar mirando el final del camino, en vez de darme cuenta de que el camino es lo importante. Y es a lo largo del camino de la vida que uno encuentra personas que, recorriendo su propio y tortuoso camino, se encargan de darle un toque de luz a nuestras vidas, ayudando a acabar con la monocromía.

Amigos, parejas, familia, todos pasan por delante de mí mientras me miran con la cara que tanto odio y que odiaré toda mi vida. Me miran con desilusión. Desilusión que tiene mi nombre y apellidos. Nunca pensé que una mirada pudiese doler tanto como duele en este momento, como me han dolido las miradas desde que mis docentes se reunían a dar su veredicto sobre mí.

“Es excelente, pero puede dar más si trabaja”.

Nunca entendí esa frase hasta que tuve que comenzar a trabajar para poder intentar ser pasable, algo más que deplorable. Y es esa falta de trabajo lo que hoy me convierte en un ser miserable, un ser que nadie querría recordar. Una enfermedad que nadie quiere sufrir.

Las enfermedades que entran al cuerpo tienen una dura batalla con el sistema inmune hasta que, por un motivo u otro, el cuerpo las expulsa o perece en el intento. Nunca fui tan grave como para asesinar a nadie con mi presencia, pero tampoco soy lo suficiente para lograr burlar un sistema inmune por segunda vez.

Y heme aquí hoy, tendido en la fría mesa de acero de mi conciencia, sabiéndome derrotado, desgraciado, inútil y, sobre todo, miserable. Miserable porque por primera vez en decenas de meses, tus ojos se fijaron en los míos y no había nada detrás de ellos reservado para mí. Nada más que un mar de oscuridad. Una fría pared negra, la cual nunca habré de olvidar.

De Nuevo Aquí

Aquí estamos de nuevo,
Bajo el mismo cielo,
Buscando entre nuestros horizontes
Lecciones que dejamos olvidadas
En guerras pasadas.

Y henos aquí otra vez,
Aprendiendo de nuevas batallas,
Entregando el corazón en arrebatos de muerte,
Y sobre todo, de vida.

Viviendo con sencillez nuestros días,
Cegados de luz cada vez que cerramos los ojos,
Vislumbrando mundos que ninguno conocía,
Ojeando con luces de prestado.

Y aquí estamos de nuevo,
Llenos de casualidades y mentiras,
De mentiras y fe,
LLenos de ti, llenos de mí,
Llenos de todo y, al mismo tiempo,
Llenos de nada.

Géminis

Soy un enorme acierto,
El hijo que todo padre añora,
El amigo que todos necesitan tener,
El sueño a punto de cumplirse.

Confiado de mis cualidades,
Diestro en muchas artes,
Inteligente a no poder más,
Acertado incluso en el amar.

Rey de mi reino,
Amo de mi destino,
Dueño de mis estrellas,
Dios de mi particular mundo.

Invicto…

El peor error por cometer,
La mayor pérdida de tiempo por correr,
Despreciado por aquellos que me rodean,
Disgustando aquel al que vea.

Inseguro,
Incapaz de ser feliz,
Preso en mi propia prisión,
Atrapado entre gruesos muros.

Compunjido, arrebatado de todo sueño,
Extraviado cual perro sin dueño,
Vacío de toda vida,
Buscando tan solo una salida.

Derrotado…

Soy el esclavo
Y soy el maestro,
Soy el hereje
Y el heredero.

Rey de las dos coronas,
Dueño de minutos y horas,
De luces como el mundo finitas,
De oscuridad como la noche infinita.

Moribundo de amor,
Vivo por rencor,
La nada yo soy
Y en todo lo que existe estoy.

Porque yo soy la luz
Y al mismo tiempo las tinieblas,
Porque soy como tú…

Yo soy… Géminis.

ichigo_vs_hollow_ichigo_by_tasumichan-d4dyy2u

A Mi Ángel

Sentado en la soledad de mi balcón, disfrutando de la suave y refrescante brisa veraniega que acaricia mi piel y desordena mis cabellos, miro hacia la cama que espera por mi cuerpo, para brindarle el soporte y garantizarme una buena noche de descanso.

En este momento de reflexión, de tranquilidad  y sobrecogimiento, mis pensamientos no pueden evitar tomar todos la misma dirección, al igual que lo hace mi corazón. Con una sonrisa en los labios, entro al cuarto y me acuesto sobre la fría cama, dejando que mi cuerpo descanse totalmente y se acomode al espacio.

Aunque físicamente me encuentro solo en el colchón, mi corazón y mi cabeza se unen en un esfuerzo que me llena de un sentimiento cálido y me permiten sentir a alguien junto a mí. Ese alguien está acostado junto a mí, con su espalda apoyada en mi pecho y mis manos sobre su costado. Nuestras piernas están unidas como si hubiesen sido creadas con la intención de que nos uniéramos en ese momento, como si el destino hubiese conspirado esta noche para que nos encontremos cerca el uno del otro.

Estás aquí, no hay duda de ello. El calor de tu cuerpo se une al mío, creando una sensación difícil de describir, llenando cada espacio de mi alma, haciéndome sentir en casa. Abro los ojos y puedo contemplar el suave ritmo de tu respiración formando una melodía que me llena de éxtasis y hace que mi corazón se sincronice contigo. Estás aquí, como siempre lo has hecho.

En apenas un susurro digo tu nombre y tu cuerpo se acerca aún más al mío, haciéndome sentir que puedes sentirme también y que, aun durmiendo, tus pensamientos están conectados a mí. Sabiendo que me escuchas, sabiendo que soy yo quien puebla tu mente, me acerco aún más y susurro en tu oído…

He vivido mucho para mi corta edad, he pasado por centenares de buenos momentos, de logros y de gozos, al igual que he sufrido cientos de derrotas. Mi camino me ha enseñado a perseverar por todo aquello que creo, por todo lo que soy y deseo ser y, en algún punto, la vida me hizo olvidar de todas estas cosas. Pero llegaste tú, y con tan solo una sonrisa te convertiste en mi refugio, en mi lugar sagrado. Y hoy estamos aquí una vez más, juntos, unidos por este maravilloso sentimiento al que me gusta reconocer como amor y que ha sellado mi corazón al tuyo. A pesar de todos los momentos difíciles que hemos debido sortear, y gracias a todos los momentos maravillosos que hemos construido a lo largo de esta historia tan hermosa que llamamos vida, quiero asegurarte que el mundo terminará un día, y que lo hará sin avisarnos; pero que cada segundo, cada instante que el mundo me otorgue de vida lo aprovecharé para demostrarte lo mucho que significas para mí y todo lo que he logrado ser a tu lado, lo maravilloso que hay de mí gracias a tu presencia y a tu luz, y el regalo que tu existencia me ha dado.

 

Abrazándote con suavidad, me entrego a los brazos de Morfeo, sabiendo que nunca estoy solo, que nunca lo he estado y que, sin importar nada más, tú estarás en cada despertar.

Mendigo

Soy aquél al que nunca reconocerás, aquél al que nunca pondrás al mismo nivel. Lo que siento no es suficiente y nunca lo será. Lo que pienso brillará por el tiempo en el que decidas encender un poco el Sol que colocaste como estrella de mi cielo.
Recuesto mi cuerpo en esta fría cama con tu cuerpo junto al mío, pero tan solo como las noches en las que vagaba por la inmensidad de la noche. Siento que el hielo se va apoderando lentamente de mi garganta, que un grito se queda congelado a medio camino y que me impide la respiración, obligándome a enmudecerlo, mientras intento contener el llanto.

La desolación, la impotencia, el dolor y el saberme vencido en un juego que nunca quise comenzar van haciendo mella en mí y extinguen de a pocos las tenues llamas que eran mis sueños. El mundo sigue congelándose de este lado de la cama mientras tú descansas plácida, envuelta en tu sopor y tus cómodos sueños. Das vueltas del otro lado de la cama empujándome hacia el borde una vez más, al igual que como tiendes a hacerlo en nuestro día a día, llevándome cada vez más cerca de la cornisa de este edificio del que deseo saltar desde hace mucho tiempo, pero del que no me atrevo a despegar los pies.

Y es que en eso se ha convertido mi vida desde que cambiaste las sonrisas por indiferencia, por miradas frías y carentes de emoción, de calor. No hay nada más patético que el estado en el que me encuentro, no solo porque no soy capaz de levantarme cuando caigo, no solo porque no tengo quién pueda tenderme una mano en medio de mi desesperación; sino por el mismo asco que me da habitar este cuerpo, sentirme prisionero de esta carne y estos huesos que nacieron enfermos de muerte y se pudren más rápido de lo que puedo correr.

No tienes idea de lo que es vivir en medio del infierno mientras puedes contemplar los tupidos campos de flores del paraíso. No sabes lo que es vivir dándolo todo por alguien que nunca podrá devolverte lo que le das, y que nunca lo va a intentar. Es imposible escapar de este lugar y al mismo tiempo sé que es mi hogar, sé que es mi cobijo de la lluvia.

Te escribo estas líneas mientras sigo a la sombra, preso del olor de tu cabello mientras dibujo sonrisas con mi rostro que nunca pueden llegar a mis ojos. Espero que leas esto y que no sea tarde, que puedas al menos entender una milésima de lo que supuso ser yo, y que pongas una flor, de esas que habitan en los campos que recorres, el día en el que la muerte me haga un favor.

Desesperadamente tuyo,

Tu Mendigo

Make It Home

Puedo imitar a mis maestros e intentar escribir los versos más trises esta noche y escribir que tiritan de frío las estrellas en lo alto del firmamento; o escribir que la luz del universo se apaga de a pocos con los segundos lejos de tu mirada… Pero esta no es una noche para imitar a mis maestros, esta noche la siento lejos, a cientos de kilómetros de mí aun cuando apenas nos separan unos minutos…

¿Cómo puede algo que te baja el cielo y lo coloca al alcance de las yemas de tus dedos, ser también la razón por la cual no encuentras tu lugar en este universo? Deambulo intentando solucionar este interrogante, mientras el viento ruge furiosamente contra mis oídos, como si quisiese atravesar mi mente y llevarse consigo todo lo que mi cerebro contempla.

Las luces se convierten en apenas un borrón brillante a los lados de mis ojos, los cuales luchan contra el cansancio por permanecer abiertos. La ciudad se convierte de pronto en una simple sensación de frío lamiendo la piel de mis brazos, agitando con fuerza desgarradora mis ropas, dejando parte de mí suspendida en su insondable esencia. Se apodera de mí, removiendo hasta el más pequeño y escondido rincón de mi cuerpo…

Y en medio del frío, el tiempo comienza a acusarme, gritando palabras ininteligibles, exclamando por todos los rincones de cabeza que no estará siempre presente, que he de pagar el precio de todos mis pecados, de todo el tiempo que un día quise perder por simple capricho. Y así se convierte en uno más de mis jueces, llevando mi cansada mente al borde del abismo, haciendo que pierda parte de la maltrecha conexión entre la realidad y lo imaginario.

Y un grito llena mi garganta como una ola que llega a la orilla de la playa, arrasando con todo lo que se encuentre cerca, lavando todo lo que una vez estuvo en la arena, borrando todas las sensaciones que me poseen.

Mi cuerpo se torna pesado, no sé que tan lejos pueda llegar así, sintiendo que el mundo colapsa a mi alrededor, como si Atlas hubiese fallado en su misión de mantener el Globo en su posición… Y es en ese momento cuando pienso por primera vez en años, si voy a lograr llegar a casa.

Sé que si tienes estas palabras en tu poder las probabilidades de que hayas sabido todo lo que mi cabeza te profesaba son casi nulas. Si no pudiese lograr llegar a casa, quisiera que supieses que, por mucho que el mundo quisiese bajar con toda su fuerza sobre tu cabeza, habría llenado mi cuerpo de inhumanas fuerzas para sostenerlo por unos segundos y permitir que escapases. Quiero que sepas que el tiempo no debe perderse, que no es un buen compañero y que tarde o temprano pasa factura, y suele desquitarse con aquellos que lo desperdiciamos. La vida es mujer y, por ello, puede ser extremadamente rencorosa, vanidosa y no puede ser vista durante mucho tiempo a los ojos, porque de a poco te irá robando todo aquello que puedas llegar a amar.

Durante decenas de días he imaginado lo que sería poder sonreír al verte despertar, lo que podría llegar a ser contar con el incondicional apoyo de tu corazón. No hay día en el que no mire atrás y no me cuestione por todo aquello que pudo haber sido, pero que nunca fue. Hoy en día comprendo que el tiempo quiso ponernos en lugares y espacios diferentes, enseñándonos muchas más cosas de las que hubiésemos podido imaginar, para compartirlas ahora. La vida me dio la oportunidad de recobrar mi pluma y los versos perdidos por descuidado tiempo atrás, y todo esto me lo devolvió junto con la luz de tus ojos.

Nunca he podido verte a los ojos y decirte todo lo que puedo profesar por ti, tampoco me han acompañado las situaciones propicias para hacerlo aunque, sin miedo a equivocarme, me poseería el miedo a tu rechazo y a perderte totalmente de mi vida si lo hago. La vida es complicada, y siempre queremos complicarla aún más.

Si esta noche no llego a casa, no llego a mi hogar, espero que sepas que a pesar de todo lo que pasa alrededor nuestro, gran parte de mi corazón te perteneció y te pertenece, añejada en los años que pasamos lejos. Agradezco poder verte, poder disfrutar el dulce aroma de tu piel, la suave brisa que parece acariciar tu cabello cuando caminas hacia mí, la luz que ilumina tus ojos cuando te digo algo que te gusta, y la sonrisa que se dibuja en tu cara cada vez que sientes vergüenza al oír lo que te profeso. Si por alguna casualidad no llego a casa y termino perdido en medio de mi camino, y te pierdo a ti, quiero que sepas que siempre has sido vida, y que me has devuelto parte de la mía.

Espero llegar a casa esta noche, y poder descansar junto a ti una vez más.

Al abrir los ojos me encontré tumbado en mi cama, con las luces apagadas y la ropa de todo el día aún cubriendo mi piel. Una delgada capa de sudor cubría toda mi existencia, y un manto gris se cernía sobre mi embotado cerebro. No sé bien cómo llegué hasta allí, pero sé que aún no me encuentro en casa…

No esta noche…

Despertando de un Sueño

Con un suave caminar ella se acercó lentamente hacia el balcón para contemplar la inmensa Luna que se dibujaba en el oscuro firmamento. Con un leve movimiento de cabeza, se acomoda el cabello y deja ver unos delicados rasgos, bañados por la luz reflejada por el satélite.

Con una sonrisa velada se vuelve hacia el interior del cuarto, mirando con cariño al hombre que se encuentra profundamente dormido sobre las blancas sábanas de su cama. Se acerca a él y le da un ligero beso en los labios, apenas una caricia imperceptible a la que él responde con un ligero movimiento en la cabeza, como a quien se le levanta de un largo y placentero sueño…

Despierto de un largo sueño con la cabeza aún embotada, con los pulmones llenos de un olor dulzón que se filtra por todo el cuarto. Las blancas sábanas que tienden la cama sobre la que descanso aún guardan el calor de un cuerpo diferente al mío. Una presencia se va haciendo dueña del cuarto, dotándolo de una personalidad mágica, casi de historia de fantasía. El tacto de unos labios sobre los míos me despertó de mi letargo, devolviéndome al planeta en el que habito.

Abro los ojos y sigo ese olor intoxicante, que me lleva hasta el balcón del cuarto, adornado en su fondo por una hermosa Luna amarillenta que desprende tanta luz como un sol frío. La presencia se va haciendo cada vez más fuerte, despertando más mis sentidos, ayudando a mi mente a recordar todos los detalles previos a mi despertar. De frente a la Luna, cierro los ojos y disfruto de un soplo de brisa veraniega mientras ella aparece detrás de mí… Y abro los ojos.

En todo el planeta no hay visión capaz de compararse a la que tuve aquella noche, y que me acompaña aún. La luz lunar reflejaba sus lindas facciones, su cuerpo adornado por una liviana bata que parece haber sido acuchillada a su cintura, hecha para acentuar la hermosa curvatura de sus caderas. Una curva aún más hermosa se dibuja en su rostro al encontrarse sus ojos con los míos, recordándome que esos mismos ojos me estaban contemplando horas atrás llenos de amor, de pasión, de entera entrega.

Con paso lento me acerco a ella, disfrutando de la sonrisa en sus labios y de todo el cariño y el amor que emana de sus ojos. Nunca nadie en la vida me había mirado así. Nunca nadie más lo ha hecho. La tomé de la cintura y la traje hacia mí haciendo un poco de fuerza sobre su cintura, mientras busco con mis labios los suyos. El beso llega como llega el agua a la boca del sediento, inundando mi cuerpo, despertando por completo todos mis sentidos. Su olor impregna mi piel y el mío la suya; un extraño y a la vez hermoso cambio en nuestros perfumes naturales…

Con una sonrisa de niño en los labios él se acercó a ella mientras ella lo miraba embelesada. Nunca en la vida nadie la había mirado con tanto amor, y nunca nadie más lo hizo. Con una mano en su cintura la atrajo hacia sí y la besó suavemente en los labios, desencadenando un torrente eléctrico que la recorrió de pies a cabeza. Hace poco tiempo el mismo torrente la había recorrido mientras él se unía a ella formando un solo cuerpo, y ella se unía a él formando un alma completa.

Prende sus brazos del cuello de él y lo mira a los ojos, mirada que él corresponde con brillo en los ojos, como si se encontrase una luz en el fondo de ellos. El entendimiento entre ambos es total, no hubo falta decir una sola palabra para que sus almas se encontrasen y entendiesen completamente todo lo que se tenían que decir.

Despegó los labios y los acercó a su oído, y suavemente dijo…

Ella responde a mi beso colgando sus brazos de mi cuello y mirando con la intensidad de mil soles en sus ojos. El entendimiento entre ambos es total. No hizo falta que ella dijese una sola palabra para saber lo que el fondo de su mente le decía a su corazón y lo que este quería decir por su boca. El sentimiento mutuo cerró nuestros labios y nos unió aún más en nuestro abrazo. Ella acercó sus labios a mi oído mientras yo hacía lo propio en el suyo…

Y con un soplo de voz ambos pronunciaron al viento “buenos días, mi amor”.